"Juan estaba vestido con una piel de camello y un cinturón de cuero, y se alimentaba con langostas y miel silvestre. Y predicaba, diciendo:" (Mc 3,6)

2 de mayo de 2013

Confesar la fe, profesar la fe - Serie de breves comentarios en ocasión del Año de la Fe por FM Parroquial 105.1

 
Reflexión dogmática: "Confesar la fe, profesar la fe"
 
Al llegar a la región de Cesarea de Filipo, Jesús preguntó a sus discípulos: «¿Qué dice la gente sobre el Hijo del hombre? ¿Quién dicen que es?». Ellos le respondieron: «Unos dicen que es Juan el Bautista; otros Elías; y otros, Jeremías o alguno de los profetas». «Y ustedes, les preguntó, ¿quién dicen que soy?». Tomando la palabra, Simón Pedro respondió: «Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo». Y Jesús le dijo: «Feliz de ti, Simón, hijo de Jonás, porque esto no te lo ha revelado ni la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en el cielo. Y yo te digo: «Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi iglesia, y el poder de la Muerte no prevalecerá contra ella. Yo te dará las llaves del Reino de los Cielos. Todo lo que ates en la tierra, quedará atado en el cielo, y todo lo que desates en la tierra, quedará desatado en el cielo». Entonces ordenó severamente a sus discípulos que no dijeran a nadie que él era el Mesías. Desde aquel día, Jesús comenzó a anunciar a sus discípulos que debía ir a Jerusalén, y sufrir mucho de parte de los ancianos, de los sumos sacerdotes y de los escribas; que debía ser condenado a muerte y resucitar al tercer día. Pedro lo llevó aparte y comenzó a reprenderlo, diciendo: «Dios no lo permita, Señor, eso no sucederá». Pero él, dándose vuelta, dijo a Pedro: «¡Retírate, ve detrás de mí, Satanás! Tú eres para mí un obstáculo, porque tus pensamientos no son los de Dios, sino los de los hombres». (Mateo 16, 13-23).
 

Jesús pregunta «¿Qué dice la gente sobre el Hijo del hombre? ¿Quién dicen que es?» Jesús no es un "bajador de línea", no es un ideólogo, no es alguien que pretende que los demás repitan conceptos de memoria sin saber lo que dicen, sin "encarnar" lo que dicen, sin asumir lo que dicen, sin razonar lo que dicen. Pero lo que el Señor pregunta trasciende las posibilidades humanas. Por eso, la gente no responde mal, relacionan a Jesucristo con personalidades que tuvieron una relación con Dios de alta intensidad (Juan Bautista, Elías, Jeremías, alguno de los profetas). No es una mala respuesta pero no es la mejor respuesta porque la mejor respuesta trasciende las posibilidades humanas. Sin embargo, Jesús quiere saber lo que dice la gente, no se cierra en sí mismo, no es un autorreferencial, no es un autodidacta autoritario.  
 
«Y ustedes, les preguntó, ¿quién dicen que soy?». Es el creyente el que da la respuesta y esta respuesta incluye el compromiso. Y Pedro descubre el secreto de Jesús (el secreto mesiánico) «Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo». Pero lo descubre porque sale de sí mismo y va más allá de las posibilidades humanas Feliz de ti, Simón, hijo de Jonás, porque esto no te lo ha revelado ni la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en el cielo. Pedro encuentra la respuesta revelada por el Padre porque hay revelación y también hay descubrimiento, así estamos en camino hacia la sabiduría de Dios, siempre en camino, Dios es la Sabiduría. Hoy la revelación está concluida pero seguimos profundizando, descubriendo profundidades, conociendo, encontrándonos con Jesucristo, asistidos por el Espíritu Santo. El "Papa bueno" Juan XXIII, cuyo pontificado fue de menor a mayor en el estilo evangélico de la Palabra de Dios, decía en su lecho de muerte: "No es que el Evangelio cambie; somos nosotros los que empezamos a comprenderlo mejor".
 
Pedro descubre el secreto mesiánico (Entonces ordenó severamente a sus discípulos que no dijeran a nadie que él era el Mesías) por la revelación del Padre «Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo» pero como el conocimiento toma la forma del que conoce (el que experimenta el conocimiento, el cognoscente) no logra entenderlo como Jesús lo entiende: Desde aquel día, Jesús comenzó a anunciar a sus discípulos que debía ir a Jerusalén, y sufrir mucho de parte de los ancianos, de los sumos sacerdotes y de los escribas; que debía ser condenado a muerte y resucitar al tercer día. Pedro lo llevó aparte y comenzó a reprenderlo, diciendo: «Dios no lo permita, Señor, eso no sucederá».
 
Cuando Pedro dice «Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo» realiza un acto de fe, confiesa la fe, Jesús es el esperado de Israel, el Mesías. Jesús es el Señor. Pero para entenderlo como Dios lo entiende necesitará la experiencia de la conversión: Entonces Jesús dijo a sus discípulos: «El que quiera venir detrás de mí, que renuncie a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga.  Porque él que quiera salvar su vida, la perderá; y el que pierda su vida a causa de mí, la encontrará. ¿De qué le servirá al hombre ganar el mundo entero si pierde su vida? ¿Y qué podrá dar el hombre a cambio de su vida? (Mateo 16, 24-26).
 
Esta experiencia de conversión consiste en amar como Dios ama, en convertirse a Jesús que ama hasta el extremo, hasta donarse, darse a los demás. El amor de Dios es el amor de la donación, el amor de Dios no consiste en meros gestos políticos p.e. "leer la Biblia en forma pusilánime", como si amar consistiera en vivir con baja intensidad, con baja energía, como si amar fuera pasar por la vida como un "Juan Palumba" ("del seno de su madre a la tumba", el hombre sin historia), como si amar fuera no tener proyectos vitales, como si amar fuera ser un mediocre que termina en la envidia porque la presencia del prójimo le recuerda siempre su propio fracaso y se escuda en los gestos políticos de un amor farisaico de pura escenificación ¡eso no es amar como Dios ama! Eso es hacer una pantomima del amor de Dios, una caricatura de una vida chata que se acomoda a una "ideología de la fe" porque no se juega por nada ni por nadie. Si el amor de Dios consistiera en una vida de baja intensidad, de baja energía, de "bajas calorías" entonces no amaron p.e. ni Jesucristo, ni Juan Bautista, ni Jeremías, ningún profeta, ni Elías, ni san Pablo, ni la Madre Teresa de Calcuta, etc. porque todos ellos ponían alta energía en sus acciones y palabras, porque todos ellos son lo que llamaríamos gente "políticamente incorrecta".
 
Es bueno aclarar esto porque podemos confundir las cosas y conformarnos con un entendimiento y un amor que no son los de Dios cuando decimos ¡Jesús es el Señor! y hablamos todo el tiempo de amor pero lamentablemente, estamos "empaquetados" en nosotros mismos como el Pedro a quien Jesús reprueba: Pero él, dándose vuelta, dijo a Pedro: «¡Retírate, ve detrás de mí, Satanás! Tú eres para mí un obstáculo, porque tus pensamientos no son los de Dios, sino los de los hombres».
 
Para amar como Dios ama, es necesario ser para darse, como tener para dar, nadie da lo que no tiene, nadie se da si no es, y esto es con intensidad. Jesús se nos da en la cruz, no es una vida chata, es la Vida con mayúsculas, la Vida en abundancia, esa es la vida que recibimos de Él. No es una vida de mezquindad como la de un avaro ni una vida de ocioso conformismo con la cobardía, sino que es la Vida de Cristo, es darse, es donarse.
 
En la cruz encontramos el lugar privilegiado de la revelación de Dios porque el Resucitado mantiene las llagas, no se anula la cruz con la Resurrección. Confesar la fe, profesar la fe significa entender como Dios entiende y amar como Dios ama, convertirnos a la excelencia de Cristo, al amor de Dios, nada menos nos pide el Señor, Él espera mucho de nosotros. Ahora podemos comprender mejor el sentido de esta frase: Entonces Jesús dijo a sus discípulos: «El que quiera venir detrás de mí, que renuncie a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga.  Porque él que quiera salvar su vida, la perderá; y el que pierda su vida a causa de mí, la encontrará. ¿De qué le servirá al hombre ganar el mundo entero si pierde su vida? ¿Y qué podrá dar el hombre a cambio de su vida?

Confesar la fe y profesar la fe: ¡Hemos recibido la Vida de Cristo, Vida que se da!  

 
Mauricio Shara

1 comentario:

  1. Anónimo4.5.13

    Esta en el espíritu de una Iglesia valiente que predica Francisco

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